martes, 16 de diciembre de 2025
Tengo mi dolor limpio
limpio de tanto lavarlo
con los puños de mis propias manos.
Lo hice día tras día.
Una y otra vez iba yo con el oscuro paño de mi pena
a las fuentes del llanto.
Lo aclaraba a conciencia y
lo tendía luego al sol
dejándolo escurrir
-sobre mis mejillas-.
Y fue así como, lentamente, se tornó
menos negro cada vez
aquél tinte
que impregnaba la tela que envolvía mi dolor
Temor escénico
real más grande
que el miedo constante y prolongado ante una defunción anunciada.
Lo peor está siempre por llegar.
Mas, cuando puntual acude la muerte
exigiendo -a deshora- una representación del tercer acto,
en esa última escena,
donde no hay vuelta atrás para el que muere
ni huida posible para quien se ha salvado,
el miedo escénico se le quita a una de pronto,
-de puro espanto-.
Y, sin saber cómo,
recuerdas entero el inaprendido texto de la despedida, del adiós, que habrías de pronunciar
y cuyas exactas palabras nunca antes ensayó tu voz.
Luego cae el telón.
Y todos aplauden y vierten consternados sus respectivos
llantos de emoción.
A partir de ese momento el -hasta entonces hospitalario- mundo
se te vuelve inhabitable.
Y ya solo resta vivir con el quebranto de estas tristes tablas el resto de tu vida
pero también,
vivir el resto de tu vida
-que es lo que yo actualmente hago-.
miércoles, 12 de noviembre de 2025
Aromas ancla. La goma de borrar de nata.
En los primeros años de escuela recuerdo que cuando borraba*, lo hacía con mucha alegría, quizá con demasiada, porque disfrutaba del hecho mismo de hacerlo, era muy loco ver cómo desaparecían los garabatos del lápiz bajo el puño de mi goma; Gastaba un montón de borradores porque los utilizaba a troche y moche.
Poco después, empezó a ser un fastidio tener que hacer un uso obligado de la goma, sobre todo en matemáticas, cuando los continuos errores clamaban remedio desde la hoja del cuaderno.
Sin embargo, utilizar gomas de nata** era un aliciente, y el proceso de borrar se convertía en algo menos tedioso; Se deslizaban sobre el papel sin arrugarlo, como sí ocurría con las gomas de miga de pan, y tampoco dejaban tras de sí los típicos nubarrones de grafito. Solo cuando empleaba el lapicero con demasiado ahínco _pensando que esa vez iba a ser la buena, pero no, había que volver a borrar_, entonces sí quedaban a la vista todos los pentimenti***.
Además, las gomas de nata, desprendían aquél maravilloso, característico e inconfundible aroma, sobre todo recién estrenadas. Venían envueltas, como hoy día, en un papel celofán que las dotaba de un caché especial.
Eran las más cotizadas en clase. En el colegio el material escolar era de uso común, y los bolígrafos, lápices, pinturas de colores, rotuladores y gomas se distribuían por categorías en cestas de plástico. Cada alumna cogía los utensilios que necesitaría durante la jornada y al final del día los depositaba de nuevo en su lugar. Las gomas de nata eran las primeras que desaparecían de la cesta.
Tiempo después se popularizaron las novedosas gomas de borrar traslúcidas, de colores y aromas exóticos que una no podía dejar de oler, o al menos no hasta que se desvanecía su peculiar y atrayente aroma. Este tipo de gomas no las teníamos en clase, tampoco disponíamos de gomas para borrar tinta, ni de lápices con goma incorporada.
Sigo teniendo una confesable predilección por las gomas de borrar, las tengo de diversos tipos y tamaños, incluso una, que está muy gastadita ya, tiene unos años, pero me parece lo más, porque lleva un sacapuntas incorporado.
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* Borraba. No tiene desperdicio el artículo escrito por Seño Punk: "El día que secuestré la goma de borrar": https://entreactividadesinfantiles.wordpress.com/2016/10/05/el-dia-que-secuestre-la-goma-de-borrar/
** Nata. Las gomas que utilizábamos eran la marca Milan. Las de nata fueron creadas en 1964 y siguen siendo a día de hoy las más icónicas. (Milan es una empresa española conocida popularmente por su material de papelería, sobre todo por las icónicas gomas de borrar. Fundada en 1918 por las familias Marcó y Milán, con sede en la comarca del Bajo Ampurdán (Gerona).
***Pentimenti. En este caso entiéndase como intentonas que quedaban marcadas a modo de surcos visibles sobre la hoja.
jueves, 7 de agosto de 2025
In memoriam. Maria Emilia Martínez Fresneda.
Buscando en Internet* alguna información sobre mi antigua profesora de Griego, María Emilia Martínez Fresneda**, recibí un mazazo en forma de "in memoriam" escrito por su amiga y colega, Pilar Jiménez Gazapo, también profesora mía de Latín en aquellos años de instituto.
Lamento si "Carmencita" (como cariñosamente se dirigía a mí) no ha sido para ella a lo largo del tiempo uno de sus alumnos "memoriosos" a lo que hacía mención Pilar en el panegírico*** (cuya lectura recomiendo).
De treinta y nueve alumnos que componían aquél curso de segundo de B.U.P.****, en la clase optativa de griego pasábamos a ser solo cinco, y todo chicas.
Es decir, aunque en la práctica fueran auténticas y fascinantes clases particulares, ninguna de nosotras, llevábamos especialmente bien con quince años, el hecho de no poder pasar desapercibidas ni un solo instante. Y, para más inri, todas estábamos sentadas frente a María Emilia en una única y primerísima fila.
Recuerdo con especial cariño la pulcritud y la pasión que ponía cuando nos enseñaba.
De hecho, a través de sus clases, nos hizo entrega a cada una de una lupa invisible, que atesoraríamos de por vida, con la que desentrañar la etimología de cualquier vocablo grecolatino y extraer su significado último. Palabras como Dorotea (regalo de Dios), semáforo (el que lleva la señal), propina (para beber), hipopótamo (caballo de río) y un larguísimo etcétera. Tampoco se nos resistían ya (lupa en mano) las "alfa privativas" presentes, por ejemplo, en Atanasia (la inmortal), amazona (sin pecho), agonía (sin lucha).
Y luego hay anécdotas como la antológica frase aquella que nos mandó traducir (sobre Temístocles): "ὁ δἡμοσ ανο καθετο", cuya pronunciación en griego no dejó indiferente a nadie: "jo demos ano kaceto" (aunque su traducción desactivaba de inmediato cualquier bomba, pues no significaba otra cosa que "el pueblo estaba sentado arriba").
Me enorgullece pensar que buena parte de lo que soy se lo debo a Maria Emilia: mi pasión por los idiomas y la traducción, la etimología, los grandes clásicos, la interculturalidad, los viajes... Por eso la recordaré siempre con un cariño especial.
Ella estaba entre los mejores de aquella célebre generación de docentes, punta de lanza, que allá por los años 80 comenzaron juntos su andadura en el recién inaugurado Instituto Príncipe Felipe. Enseñantes muy preparados y con una vocación enorme. Para muestra otro preciado botón, el inconmensurable Ángel Sánchez Gijón, (el padre de Aitana, la actriz), profesor mío de historia durante aquellos años de instituto, desgraciadamente, también fallecido.
Gracias María Emilia
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*Buscando en Internet: Esta entrada data del seis de enero de 2021, revisada el siete de agosto de 2025.
**Mención a María Emilia en la página web de la Sociedad española de estudios clásicos SEEC https://www.estudiosclasicos.org/seec/fallecimiento-de-maria-emilia-martinez-fresneda/
***Panegírico completo https://www.estudiosclasicos.org/wp-content/uploads/IN-MEMORIAM-M.E.MF4-04-2020.pdf
****B.U.P.: Bachillerato Unificado Polivalente, sistema educativo instaurado en 1970 y puesto en marcha en 1975 junto con la E.G.B.(Educación General Básica), ambos quedaron definitivamente extinguidos en el curso académico 1999-2000 y 1996-97, respectivamente.
sábado, 2 de agosto de 2025
Aromas ancla. Primera infancia. Pino piñonero parte segunda
En mi primera infancia en el colegio me recuerdo siempre sentada de medio lado* en la silla de clase.
El motivo de tener siempre un pie apoyado en el suelo no era otro que disponer de la ventaja suficiente para bajarme de la silla, en un visto y no visto.
Durante la clase, mi asiento no permanecía caliente mucho tiempo, me levantaba constantemente ya fuera para ir por las mesas reprendiendo a los niños para que hicieran sus tareas, mientras la mía permanecía intacta sobre mi pupitre, ya fuera para visitar a mi primo Andresito, que se encontraba en el otro extremo del aula.
Era un verdadero culillo de mal asiento y traía loca a la la señorita Amparo, una maestra septuagenaria que trataba de tenerme controlada sentándome en la primera fila.
Cuando llegaba el momento del recreo, apenas había terminado de sonar el timbre y yo ya había salido disparada por la puerta para enfilar uno de los alargados pasillos con dirección al patio.
Ese recinto no era un espacio cualquiera, así que, plantarse allí lo antes posible suponía ocupar a solas el mejor sitio** hasta que llegaba el resto de niños.
Durante la media hora que duraba el recreo me sentía presa de una libertad de movimientos sin igual.
Saltaba y corría por un paraje plagado de pinos, cuyo inconfundible aroma iba pasando, sin más, junto con el de la tierra removida, por mis pulmones.
Esas notas perfumadas llegaron hasta las puertas del albergue de mi cerebro donde les buscó alojamiento el mismísimo e ilustre grabador de aromas y emociones.
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*Mi madre da fe de mi sempiterna obsesión por estar sentada de medio lado cuando era pequeña, y no solo en la escuela. Esto respondía a la necesidad perentoria de estar lo más cerca posible del suelo para echar a correr en cualquier momento hacia cualquier lugar.
** El mejor sitio era sin duda el que ocupaba el mapa de la Península Ibérica en relieve. (Detalle de la maqueta del relieve de la Península Ibérica situada justamente detrás del antiguo pabellón de vestuarios del antiguo Colegio Andrés Manjón).
viernes, 7 de marzo de 2025
Radiografía de la compra de un Donut. Retransmitiendo desde la infancia.
Muy de cuando en cuando compraba un donut
y disfrutaba de la ocasión especial de
principio a fin.
No se trataba solo de conseguirlo y ya.
Nada de eso.
Probablemente, salir triunfante donut en mano, comparado con el resto de
micro experiencias, que me llevaría puestas, era lo menos importante.
Y es que, el hecho mismo de traspasar el umbral de la panadería, esta vez como
protagonista desde la perspectiva interior,
pero sin abandonar mi papel de tenaz observadora,
ya era fascinante.
Formar parte de una cola,
seguir las idas y venidas del dependiente...
Y aunque todo el proceso se desarrollaba en segundos,
cuando me tocaba el turno
mi mente lo registraba todo a cámara lenta:
ver cómo las bonitas pinzas de acero inoxidable con los extremos floriformes
sobrevolaban la bandeja para escoger mi donut
y depositarlo sobre el mostrador donde le aguardaba un tosco pliego de papel
marrón.
Y, durante el breve lapso que el dulce permanecía a la vista antes de ser envuelto,
mi cabecita había mapeado ya la orografía del que sería mi
donut hasta el más mínimo detalle:
un delicioso país redondo
con una superficie plagada de lascas de azúcar glaseada aquí y allá.
Y como colofón final, el espectacular ritual de empaquetado:
el donut ocupaba el centro del papel
y el dependiente lo tapaba haciendo coincidir en dos picos
los cuatro extremos de cada lado del pliego
y, con los dedos índice y pulgar de ambas manos,
daba dos o tres rápidos giros de 360 grados
hasta que los dos filos de la hoja
quedaban completamente retorcidos.
De este modo el delicado dulce permanecía completamente resguardado
en su interior.
Y entonces el donut ya estaba listo para llevar (a cambio de 5 pesetas*),
y con él todas
esas sensaciones mucho más valiosas que
atesoro intactas.
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* 5 pesetas equivalían a 3 céntimos de euro.
viernes, 28 de febrero de 2025
Donuts versus manzanas, primera Parte. Retransmitiendo desde la infancia
Con el tiempo he sabido comprender
de dónde viene
esa capacidad que tengo para detenerme ante las vitrinas de una pastelería
simplemente para deleitarme
con todo lo que veo, sin necesidad de entrar a comprar nada.
Cuando era muy pequeña
pasaba cada mañana con mi madre y mis dos hermanos
por una panadería que había camino del colegio.
Yo siempre me adelantaba, era lo más
poder disponer de unos instantes extra
para contemplar aquellos apetecibles
donuts* recién colocados en el escaparate, antes de que mi madre me alcanzase
y me cogiera de la mano para volver a explicarme que ya teníamos las manzanas para el recreo
y que no era posible gastar cada día 15 pesetas** en tres donuts.
A pesar de esto, no quedaba hueco alguno en mí para la frustración, porque,
la sensación de haberlos contemplado hasta el detalle
y de imaginarme a mí misma paladeando cada bocado, era tan real y agradable,
que me llenaba tanto como si, verdaderamente, me los hubiera comido.
*Donuts. Hace más de 60 años que este simple y novedoso dulce había pasado a ser muy popular en España. Era uno de los bollos estrella que no podía faltar en las panaderías. Bayonesas, pepitos y palmeras, eran sus compañeros de escaparate.
**De pequeña me gustaba quedarme con el precio de las cosas. El de los donuts lo recuerdo como si fuera ayer: cinco pesetas costaba un donut de azúcar y ocho pesetas uno con cobertura de chocolate.
martes, 25 de febrero de 2025
Foto fija del momento de entrada al colegio (Serie: retransmitiendo desde la infancia)
Foto fija del momento de entrada al colegio
Al edificio se accedía por dos imponentes puertas en forma de arco,
sobre cada una de las cuales había dos enormes carteles
"NIÑAS" (rezaba el de la izquierda) y "NIÑOS" (el de la derecha),
por este motivo se formaban dos filas diferenciadas para entrar.
Era el momento en el que yo** debía soltar automáticamente la mano de
mi primo Andresito***
para que cada uno atravesara su puerta correspondiente, aunque
en seguida nos volvíamos a reunir en el interior
para dirigirnos apresuradamente a la misma clase.
En más de una ocasión fui reprendida por atravesar, tan campante, la
puerta destinada a mi primo.
* Antiguo Colegio Andrés Manjón, hoy Giner de los Ríos, sede de la UNED, (la biblioteca sigue llamándose Andrés Manjón).
** Mi "yo" a los cinco años de edad.
*** Solíamos llegar juntos cuando confluían nuestros pasos en un cruce cercano al colegio.
martes, 28 de mayo de 2024
Visita al Guernika.
En una apacible -y aun tiempo bulliciosa- mañana de sábado,
corto abruptamente la conversación telefónica que estaba manteniendo
mientras paseaba.
Detengo en seco mis pasos a la altura de la plaza Juan Goytisolo
para ponerme a caminar en la misma dirección
que una joven pareja de ciegos con tres hijas pequeñas (videntes).
El padre portaba a la menor de ellas
en una mochila perfectamente atada a la cintura
mientras sostenía en cada mano un bastón blanco
con los que iba golpeando en el suelo para guiarse.
Justo detrás iba su esposa conduciendo tranquilamente un carrito con otra niña
de unos dos años en su interior y al lado, agarrada al manillar, iba la tercera hija,
de unos cinco años.
Me acerco a la madre y pregunto si les puedo guiar hacia algún
lado en medio de la multitud congregada en la plaza.
Me explica que van a ver el Guernica, porque en el colegio de su hija estaban
dando el cuadro, así que su intención era ponerse a
a cola, por lo que me pide que les lleve hasta el final de la fila .
Lo que hago es acompañarles, sí, pero en dirección opuesta, hacia la entrada.
Desconocían que tuvieran acceso prioritario, pues nunca antes habían hecho uso
de él.
Nos situamos en la puerta del Museo tras franquear una kilométrica cola enmarañada compuesta por gente impertérrita que apenas sí concedía un milímetro de espacio para pasar.
Durante la breve espera B. y P. me contaron con total naturalidad que se habían desplazado en metro para la pasar la mañana en el museo con sus hijas.
Admirable.
Tener la oportunidad de ver y escuchar a una pareja como aquella, irradiando tanta confianza, felicidad y calma desde su mundo de tinieblas, supuso un antes y un después para mí. Fulminantemente eliminadas de mi mente aquellas quejas supérfluas y obstáculos "insalvables" que hasta ese instante campaban a sus anchas por mi mundo encantado del país de barriguitas.
lunes, 27 de mayo de 2024
Anecdotario. Visión periférica y Superagente 86
Nunca imaginé que la ancestral visión periférica¹ me alertara, llegado el momento,
de una situación de peligro² inminente
y mucho menos que pudiera zafarme de él
gracias a que acudió también al rescate la legendaria
imagen del Superagente 86³
ocultándose en una cabina⁴.
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1.-La visión periférica es una de las cualidades ancestrales por excelencia grabada a
fuego en los genes femeninos desde la noche de los
tiempos. De cuando nuestra misión era cuidar en exclusiva de la cueva: controlar el fuego, vigilar a la prole, estar alerta ante
alimañas e intrusos...Por lo que, a fuerza de tener que estar a todo a todo a la
vez, tuvimos que desarrollar una eficaz visión periférica. Lectura ad hoc Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas. Allan y Barbara Pease. Ed. Amat.
2.- Situación de peligro: Hace mas de 10 años, en la era incipiente de los teléfonos inteligentes, mientras me hallaba sentada en un vagón de Metro consultando mensajes en el novedoso y flamante Samsung Note3 que me acababa de regalar mi hermano, advertí, haciendo un barrido visual sin levantar la mirada, que estaba siendo observada fijamente por dos individuos. Enseguida guardé el teléfono y me levanté para dirigirme hacia la puerta más alejada, comprobando que un tercer individuo se unía a los otros dos para salir en mi misma estación. En ese fugaz instante pongo los pies fuera del vagón y, tras comprobar claramente por el rabillo del ojo que me han visto salir, y que me esperaban ya en el andén, aguardé al último pitido de cierre de puertas, para dar un paso atrás y meterme otra vez en el vagón. Ya con las puertas cerradas, me agaché rápidamente desapareciendo de la vista desde el exterior. Solo cuando el Metro arrancó, me incorporé de nuevo para contemplar cómo los tres individuos se quedan perplejos en el andén buscándome por todos lados.
3.-Superagente 86: Maxwell Smart. Serie de televisión estadounidense emitida en España a principios de los ochenta Superagente 86 (Get Smart, en su título original en inglés) que parodiaba a las películas y series de espías, protagonizada por Don Adams, como Maxwell Smart, el agente 86, y Barbara Feldon, como la Agente 99.
4.-Cabina. Imagen que permanecía fresca en el sótano de mi memoria: Maxwell Smart se agacha para desaparecer dentro de una cabina telefónica justo en la escena final de la entradilla de la serie "Superagente 86". Vídeo de la entradilla disponible en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=cscedJQ3PFU&t=53s
jueves, 23 de mayo de 2024
Retransmitiendo desde la infancia. Aromas ancla: Pino piñonero parte primera
En mi primera infancia* el olor a recreo era
el fragante aroma de un vientecillo
que quedaba suspendido en el ambiente
tras haber peinado primorosamente todos los pinos
del amplio y pintoresco patio del colegio**.
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*5 años de edad, curso académico 1974-75
**Por aquél entonces el colegio, situado en la calle Francos Rodríguez de Madrid, todavía llevaba el nombre de "Andrés Manjón". Inicialmente se llamó Grupo Escolar Francisco Giner (en honor al fundador de la Institución Libre de Enseñanza) y fue uno de los siete centros escolares del Plan de 1931 inaugurados en Madrid el 14 de abril de 1933 (...)
Los primeros años del Francisco Giner (1933-1936) estuvieron marcados por la
personalidad y los principios pedagógicos de su primera directora, María
Sánchez Arbós, que ganó en 1933 las oposiciones a la dirección de Grupos Escolares con el
número 1, que fue a elegir precisamente el Francisco Giner. (...), pues ella misma se definía como “la última discípula de Francisco Giner” (...). Sánchez Arbós trae al Francisco Giner su idea de organización de
escuela y su metodología pedagógica, impregnadas del espíritu de la ILE:
responsabilidad, respeto, cuidado por la naturaleza… La tarea no fue
fácil, pues se encontró con una abultada matrícula (...), y con los problemas de asistencia y continuidad
habituales de la época entre las clases humildes, que eran las que
mayoritariamente asistían al centro. Para paliarlo, instauró un horario
especial de forma que las chicas más mayores pudieran compaginar las
obligaciones domésticas con la escuela y no abandonaran los estudios. Convencida de que (...) la escuela debía (...) extender su radio de acción a las familias (...), comienza organizando reuniones con los padres, creando (...) una Asociación de Amigos de la Escuela,
germen pionero de las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos
modernas. Organiza la biblioteca, fomenta los trabajos manuales, el
juego, la lectura, instaura talleres de artes gráficas y bordado.
Suprimió los castigos corporales (tan habituales en aquella época), y estableció una disciplina
basada en el respeto y la tolerancia, que no permisividad. Poco a poco,
consiguió que la fama del colegio se extendiera por toda la zona, como
un centro donde se aprendía mucho y no se pegaba…. Con la Guerra Civil toda esta labor quedará truncada. En julio del 1936 el centro se convierte en una de las guarderías infantiles que se crearon para recoger a los hijos necesitados de las milicias
combatientes de las barriadas aledañas. En septiembre de 1936, (...), el
Francisco Giner abre sus puertas a un nuevo curso escolar. (...) en tiempos difíciles para la
pedagogía, algunos niños llevan gorros de milicianos, correajes e
incluso pistolas de juguete. María Sánchez Arbós trató de mantenerlos al
margen de la guerra y de la tensión política (...). El 8 de noviembre, una bomba cae en uno de
los torreones, el colegio tiene que ser desalojado y su directora
continúa las clases en la sede de la ILE. Pocos días después la columna
Durruti ocupa la escuela, estableciendo allí su cuartel; cuando regresa
unas semanas más tarde para llevarse las pocas pertenencias que le
quedaban en el centro, viendo el estado de su escuela, Sánchez Arbós
escribe en su diario: “Yo me llevo ahora mi diario, el retrato de
don Francisco, y las llaves de la escuela. ¡Triste recuerdo totalmente
ilusorio porque las puertas han desaparecido! ¡Con qué desesperación
abandono estas ruinas!"
martes, 7 de mayo de 2024
La silla de Li
La silla que el señor Li había dejado vacía en la oficina no volvió a ser ocupada.
Como en su departamento nadie más necesitaba sentarse, pasó a ser una reliquia y no se sabía bien qué hacer con ella.
Al conocerse la noticia del fallecimiento, el señor Huang, primo de Li, fue el único en conmoverse.
Nadie más lloró en una sección ya solo integrada por androides.
Ante la perplejidad del deshumanizado departamento, Huang ordenó conservar la silla en su sitio y colocar un cartel de homenaje sobre el respaldo del asiento que había ocupado su compañero muerto.
Destacaba una antigua foto de juventud que retrataba aquella cena familiar en casa de Li para celebrar el despegue de su innovadora empresa.
Una comida especial preparada por su abuela cuyo plato estrella fueron los fideos largos* como deseo de una larga vida y prosperidad.
In memoriam del hermano de mi querida amiga CH. L.
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*Fideos largos chinos: Este tipo de fideo largo y sin cortar se sirve en ocasiones especiales sobre todo en el Año Nuevo chino y se cree que comerlos representa una vida larga y próspera. "Lo que sí está claro es que en China se comen fideos largos para el Año
Nuevo, porque cuanto mayor sea su longitud más larga será tu vida. Por
eso también se les llama fideos de la longevidad.
Se toman con verduras, con pescados y carnes, porque cada ingrediente
tiene un significado simbólico (huevos, familia saludable; camarón,
fortuna y riqueza, pato, lealtad….) Eso sí, no se pueden cortar y mejor
no masticarlos: lo suyo es sorberlos, una práctica poco ortodoxa para
los occidentales". Cita literal tomada de la entrada "Cinco platos para celebrar el Año Nuevo chino" https://www.gastroactitud.com/pista/cinco-platos-para-ano-nuevo-chino/
martes, 21 de noviembre de 2023
Nunca
No he vuelto a sostener entre mis manos
un estropajo jabonoso*.
Quizá porque me retrotrae a aquél tan espantoso
y deshumanizador que me entregaron en Maternidad** para aseo personal
del que solo recuerdo
su función terrible de rascar (no la de limpiar)
dejando a flor de piel
-con cada pasada-
toda clase de pensamientos y sensaciones indescriptibles.
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*Estropajo jabonoso de hospital: tosca esponja que al contacto con el agua desprende una gran cantidad de espuma a partir de la sustancia jabonosa que lleva impregnada.
** Permanecí ingresada en Maternidad de La Paz, tras un primer y un segundo y último, -pero no menos doloroso- aborto espontáneo.
jueves, 14 de septiembre de 2023
Brasero de brasas. Parte 2
Y ese aroma a brasero de brasas proyecta multitud de imágenes singulares sobre la gran pantalla que es la calidez del hogar:
Recuerdo a mis abuelas utilizar el brasero de brasas hasta prácticamente los años 90 del siglo pasado, cuando fue sustituido por el brasero eléctrico. Ellas manejaban con soltura aquél rudimentario recipiente de hierro gracias a sus dos asas y seguían unos pasos muy concretos para que las brasas estuvieran apunto. La rejilla protectora y la paleta para atizar las ascuas eran dos utensilios indispensables. Y a los niños -lógicamente- no nos estaba permitido manipular el brasero y menos remover su contenido.
La icónica mesa camilla era una peculiar estructura redonda de madera. La base perforada servía para que el brasero quedara encajado, y también hacía las veces de reposapiés. Las faldillas de tela que recubrían la mesa llegaban hasta el suelo y estaban sujetas en la parte superior por un cristal a medida*. Para entrar en calor solo había que arrimarse a la mesa, levantar las faldillas e introducir, dependiendo del frío que hiciera, o bien los pies o bien las piernas enteras hasta la altura de los muslos. Si las brasas (o el picón) se habían removido
hacía poco, uno no podía permanecer allí sentado por mucho tiempo, porque las piernas se empezaban a
abrasar de un modo tal que había que retirarse de inmediato.
* El cristal protegía, al tiempo que dejaba a la vista, un esplendoroso tapete de ganchillo hecho a mano.
La foto insertada pertenece a Pedro, propietario del anuncio publicado en milanuncios.com (quiero hacer constar que el único propósito de la inclusión de esta foto es ilustrar la presente entrada de blog. He intentado contactar con el interesado para solicitarle permiso pero no he obtenido respuesta por el momento. Cito procedencia: https://www.milanuncios.com/antiguedades-de-coleccion/antiguo-brasero-de-hierro-285798979.htm
martes, 5 de septiembre de 2023
Aromas ancla. Brasero de brasas. Parte 1
Retransmitiendo desde la infancia. Brasero de brasas
En el marco de un frío incontestable -en el mar de mi niñez, años 70- vive anclada esta ancestral y penetrante fragancia: el característico olor a brasero de brasas de la casa de mis abuelos.
Con la capacidad de impregnarlo todo y de dar la bienvenida desde las inmediaciones de la vivienda, ese aroma tan especial de entonces -en su momento no me parecía para tanto-, emite destellos más o menos codificados -como todo recuerdo de la infancia- que sigo descifrando en el presente...
martes, 30 de mayo de 2023
Vida en la galaxia
Gracias a la espeluznante y perforadora intensidad del pitido emitido por los nuevos torniquetes de acceso al Metro de Madrid,
-como los instalados en la estación de Sol*-
cualquier día de estos
hasta puede que nos respondan
desde el punto más alejado de la galaxia**.
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*Estación de Sol: Gracias a una reclamación que interpuse en el servicio de atención al cliente de Metro hace unos meses, la intensidad del afilado pitido fue sustancialmente reducida.
**Nota de la autora: juego con la idea ficticia de que el estridente pitido se propagaría hasta en el vacío del espacio, donde, realmente, es imposible escuchar sonidos, dado que no existe el aire como vehículo transmisor. En palabras de José Vicente Díaz: "Debido a que el sonido es solo aire vibrante, el espacio no tiene
aire para vibrar y, por lo tanto, no tiene sonido. Si estamos sentado en
una nave espacial y otra nave espacial explota, no escucharíamos nada". Op. cit. Universo blog https://josevicentediaz.com/2020/12/30/se-puede-escuchar-el-sonido-en-el-espacio/
martes, 16 de mayo de 2023
El viento susurra a la fuente
Cada vez que viento la susurra
al oído,
la fuente va desprendiéndose
de los más finos collares
que componen su pétreo joyero.
jueves, 11 de mayo de 2023
Entramado
Sobre la campiña de patchwork
-color verde agua-
se miran coquetas las nubes
que se atreven a volar bajo.
miércoles, 10 de mayo de 2023
Matorral solitario
Matorral solitario
hincado en la llanura
suplicando lluvia al cielo
con sus puños entrelazados.



