En el fondo los pies del junco
están anudados
a la masa de fango del estanque.
Y es por eso que su esbelto tronco escucha y repite
en lento silbido
-a pies junquillas-
los poemas superficiales
que le susurra una corriente vespertina de aire
corriente.
Al final de la tarde
el petirrojo nos recibe brevemente
a las puertas del arenero que se extiende bajo su pino antes de transportarse raudo
hasta una solitaria rama
donde luce a distancia su anaranjado peto en el pecho.
Y allí, viendo cómo se apaga la tarde,
pende -cual farolillo -
mientras el viento le mece.
Mi poesía viene
de largo
mas no viste de gala
sino de diario.
No se reserva para grandes ocasiones.
Me la pongo cada día
tras rebuscar en mi fondo de almario.
Mi poesía viene de largo;
De cuando confeccionaba yo, siendo niña,
coquetos trajecitos rimados
que me encantaba ponerle
a la luna,
a las flores
y a los pájaros.