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martes, 16 de diciembre de 2025

Temor escénico

No he conocido, ni creo que exista, otro temor escénico
real más grande
que el miedo constante y prolongado ante una defunción anunciada.
Lo peor está siempre por llegar.

Mas, cuando puntual acude la muerte
exigiendo -a deshora- una representación del tercer acto,
en esa última escena,
donde no hay vuelta atrás para el que muere
ni huida posible para quien se ha salvado,
el miedo escénico se le quita a una de pronto,
-de puro espanto-.

Y, sin saber cómo,
recuerdas entero el inaprendido texto de la despedida, del adiós, que habrías de pronunciar
y cuyas exactas palabras nunca antes ensayó tu voz.

Luego cae el telón.
Y todos aplauden y vierten consternados sus respectivos
llantos de emoción.

A partir de ese momento el -hasta entonces hospitalario- mundo
se te vuelve inhabitable.
Y ya solo resta vivir con el quebranto de estas tristes tablas el resto de tu vida
pero también,
vivir el resto de tu vida
-que es lo que yo actualmente hago-.



martes, 10 de julio de 2018

Departures (despedidas)

Sin tiempo ya para poder emprender desplazamiento alguno,
las terribles noticias
del inminente desenlace se iban adueñando del ambiente.
Sus tres corazones cabalgaban al galope
por el angustioso perímetro de un puño 
y "en la sala de máquinas", sus mentes
buscan incansables cómo salvar la distancia
que las separa, 
a una, de su querida mamá,
y a las otras dos, de su adorada abuela.


De repente, la matriarca prende una vela
y se hace la luz:
enseguida, todas supieron
-sin saber cómo-
que podían estar allí, presentes acompañando a la abuela desde la lejanía
en sus últimos momentos.
Y fue así cómo, a través del teléfono,
que un familiar apoyaba en su oído,
pudieron transmitirle
palabras de esperanza,
de valor, de cariño,
de despedida,..
Ninguna de las tres escuchó nada de vuelta,
tan solo sonoros y espaciados silencios
donde eran recogidas cuidadosamente cada una de aquellas palabras.
Entonces ella, que había estado haciendo gestos al reconocer
las voces que le hablaban,
se fue extinguiendo lentamente.


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sábado, 30 de diciembre de 2017

Sin noticias de

De pronto, en mitad de una distendida charla
durante la comida en el restaurante,
Peter deja aparcado el tenedor
en el plato por un instante y,
haciendo gala de una serenidad e ironía pasmosas,
lanza una batería de interrogantes envueltos en su marcado acento alemán:
"¿Por qué será que C. no llama?",
"Porque", prosigue,
"lo normal es que cuando alguien se marcha de viaje,
llame, ¿no?"
"Pues eso, para decir que ha llegado bien y saber cómo va todo",
"Pero nada, que no sé que pasa que ya han pasado
casi cinco meses y ella no llama".
Al final, estas dosis de mordacidad en torno a la partida de su difunta esposa,
le pasan factura
y conducen a los enormes y cansados ojos azules de Peter
al llanto.
Entonces, la fluida y animada conversación se paraliza.

Solo un puñado de recuerdos acuden tímidamente
al rescate portando carteles "agradables"
en sus efímeras manos
y dejando tras de sí un pequeño
reguero de sonrisas
forzadas.


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viernes, 27 de octubre de 2017

Nueva era

Ella visitaba una exposición
conmemorativa del 90 aniversario
de la compañía Iberia,
cuando se topó
con una imagen inconfundible
que la catapultó
-de pronto-
a aquella inolvidable campaña de saturación 
llamada "nueva era".
Por aquél entonces, esa imagen,
presente por tierra, mar y aire,
tenía como únicos protagonistas
a un tropel de adorables recién nacidos
-a cual más sonriente- a bordo de un avión
surcando el cielo.


Ese mismo cielo
que poco antes acababa de acoger en su seno 
a un inesperado y diminuto pasajero sin nombre
ni rostro,
que, inexplicablemente, 
había abandonado la cabina materna
antes de tiempo.


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miércoles, 4 de octubre de 2017

Parajes

Cuando ella llegó por primera vez allí,
disfrutaba al máximo del dulce tacto
de la verde y mullida hierba bajo sus desnudos pies
que recorrían exultantes
aquél recién descubierto paraíso.
De pronto, una montaña dantesca
se alzó abruptamente en mitad del idílico paisaje.
Y tuvo que estarse muy, muy quieta un tiempo
para lograr despistar a una muerte
que, habiéndole arrancado ya la mitad de sus preciadas entrañas,
rondaba a la otra parte que le quedaba:
una Vega diminuta, de puro frágil casi transparente
que, sin embargo y contra todo pronóstico,
fue creciendo fuerte
frente a la muerte
que se alejó, porque nada pudo.

Ella iba y venía cada día por caminos
estrechos y empinados, con la dulcísma
Vega siempre en mente, hasta que se le permitió regresar
a casa con ella en su regazo.
Pero, una vez a salvo,
le aguardaba el interminable tránsito por los inhóspitos y afilados riscos de las pérdidas.
Unos endurecidos pies cobijados ahora
en un calzado, serían los encargados
de seguir pisando aquella montaña del duelo sin descanso.
Que ella solía recorrer concienzudamente
de arriba abajo,
de lado a lado, en círculos
ya fuera de día o de noche, ya hiciera frío o calor.
Porque hubo aún otro trayecto tan doloroso si cabe como aquél
anterior, que devolvió su cuerpo de nuevo a un estado puro de penumbra por semejante vacío,
sobre unos pies cargados
de impotencia.
Busquemos en otros caladeros
no tan profundos ni lejanos;
hallaremos fondos azules y límpidos;
nos sorprenderá la brisa
y, en el momento menos pensado,
recobraremos de nuevo la sonrisa.
 

(DEDICADO a Mar F.)

viernes, 15 de julio de 2016

Guijarros invisibles

Y volvió atrás,
para poder seguir adelante.
Lo insoportable del dolor
hacían -del presente-
un lugar intransitable,
desolador.
El futuro no tenía solución de continuidad a partir
de aquella terrible realidad...
Así que volvió la vista
hacia los años
de la infancia, la adolescencia,
su primera juventud luchadora.
Sintiéndose fruto irrepetible del amor entre sus padres,
ella, sacó fuerzas.
Y halló los guijarros invisibles
que la llevarían de vuelta
a casa,
a una casa que encontrándose igualmente vacía,
estaba llena,
de sentimientos olvidados, sensaciones frescas de antaño...
Y recuperó esa sonrisa,
el hecho y el sentido de estar en el mundo,
que hasta hacía bien poco carecía de sentido,
de un solo sentido.
Ahora circulaba por carriles de doble dirección,
de idas y venidas...
Recorrerlos,
reorientó
el rumbo lejos
de la inercia -que tristemente- impone
el duelo.

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sábado, 22 de septiembre de 2012

Pertenencias

Muchos de los peores recuerdos
que tengo
se han ido soltando de mis manos
-de donde solían ir agarrados-.

Simplemente dejé de apretarlos
con fuerza
y emigraron
-a mi mente-,

      donde siguen existiendo
      -siempre lo harán-.
   
Pero he descubierto algo.
Que no pertenecen más a este "yo" solo
porque sea mía la mano
que los llevaba,
mía la cabeza
que los recuerda...

en palabras de Juan Gelman:-
-"¿Hay que romper la memoria para que se vacíe?"

sábado, 28 de abril de 2012

Corto circuito para día plomizo

Se me ha echado encima el tiempo
de este día plomizo,
tratando de abrirme paso entre sus espesas horas
como si atravesara explanadas llenas de cuerdas
con sábanas secas que crujen.

¡Es ya la una y veinte!.. Voy a salir.
Aun no. Me entretengo un poco más para sacar del bolso
el libro de poemas de Lorca, el de poesía hebrea
y otras cosas que me pesan hoy.

En la calle al fin. Guío mis pasos hacia
un establecimiento comercial, pero me arrepiento
y decido perderme lentamente
por la trastienda de callejuelas del Palacio de Cañete.

Tengo poca energía hoy.
Así que caminaré consumiendo aire en menos
tandas cada vez,
             -esto es, en profundos suspiros- 
y economizando al máximo
el número de pasos.

Recorro la calle del Rollo.
En su recodo,
una ventana de forja pintada de verde
me enseña
-a barrote descubierto-
una cerradura en medio de su pecho;
se trata de un corazón chapado a la antigua
cuya llave perdida
custodiaba un antiguo amor.

Sin saber cómo,
salgo a la costanilla de San Andrés,
y me invito a cruzar hasta el Jardín del Príncipe de Anglona.
No encuentro sitio en sus fríos bancos de piedra
para sentarme a escribir;
Sigo avanzando hacia el restaurante "El Cosaco"
a ver si veo a los gorriones rampantes,
            -pero no están hoy-.

Hago parada obligada ante el curioso pasadizo elevado
-tapiado-
de la Iglesia de San Andrés
que utilizaban los Reyes Católicos para ir a misa.

Por la calle del Nuncio,
llego hasta la Iglesia de San Pedro el Viejo,
donde me detengo,
antes de volver  por la travesía del Almendro
hasta Puerta Cerrada... 


                                                                                          27/04/2012


viernes, 6 de abril de 2012

Ahora que por fin llueve...

Ahora que por fin llueve,
en medio del ambiente húmedo y triste,
hablaré del llanto.

Yo he llorado mucho, lo indecible.
Pero no sabría decir
cuántas de esas lágrimas he derramado por mí
y si realmente lo hice alguna vez.

Lloré la pena y el dolor ajenos:
por la persona que se ha ido,
por lo que ya no podrá hacer,
por los hijos que no han sido...
   
         -Yo estaba viva y no me creía con derecho a llorar por mí-.

Lloré incluso hasta por la pena y el dolor de todos los seres queridos
de aquellos muertos.

Está bien. Pero verter lágrimas tan desprendidamente 
por los demás lleva consigo
irse recubriendo de una ligera pero endurecedora
pátina insensibilizante
que no te permite llorar en calidad de superviviente.

Después, con el tiempo,
aprendí a recorrer
-acre por acre-
la linde del sufrimiento propio,
y comencé a regarla -con lágrimas- más a menudo cada vez.

De nuevo era como si yo llorara por otra persona,
-una buena amiga, tal vez,
a la que había pasado tiempo sin ver-.
Aun así lloré, -¡ay, cómo de desconsoladamente lloré!-
por aquella pobrecilla
a  la que habían sobrevenido toda suerte de males.

Y al mismo tiempo me emocioné
por haber podido ser
testigo de excepción de la superación y del crecimiento
de esta valerosísima mujer.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Di-versificada

Antes
y durante un tiempo
cuando escribía,
solía hacerlo en prosa
    -mi vida era entonces bastante prosaica-
y solo
contaba cuentos cortos
o relatos breves,
porque así era también lo que tenía yo que narrar sobre mí,
siempre breve.

Y de aquella época sólo fui capaz
de hacer un cuento
tributo
a mis niños perdidos,
y ahí me quedé atascada.

-Omitiré, ahora, hablar de otro y largo paréntesis
de duelo que siguió a esa etapa-

Luego, ...sencillamente, ahora
ya instalada en mi amable presente,
y, viviendo, como vivo,
una vida descentralizada y automotriz,
que ejerzo como actividad di-versificada...

solo la poesía que escribo a diario
me proporciona un amplia e integradora dimensión
de esa mi constelación yo.

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