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martes, 4 de junio de 2019
No me cae bien
Un padre y su hijo -de apenas tres años-
mientras caminan de la mano
a buen paso
calle abajo:
-¿El helado?
-¡Sí me cae bien!
-¿El pescado?
-¡No me cae bien!
-¿La tortilla?
-¡Sí me cae bien!
-¿El caramelo de menta?
-¡No me cae bien!
jueves, 8 de febrero de 2018
Militancias
Mientras viven los abuelos
-por muy mayores que seamos los nietos-
seguimos militando
en una suerte de bendita infancia.
Pero con su desaparición,
aquellos preciados galones
nos son arrancados del pecho
(que no del corazón).
Y en su lugar nos quedan las llaves
que abren aquellos días hermosos en el paraíso.
Entretanto, la partida continúa implacable:
el tiempo va repartiendo cartas
a los jugadores que quedan alrededor del tablero;
En unas pocas manos
hasta puede que los nietos
lleguen a ser abuelos.
-por muy mayores que seamos los nietos-
seguimos militando
en una suerte de bendita infancia.
Pero con su desaparición,
aquellos preciados galones
nos son arrancados del pecho
(que no del corazón).
Y en su lugar nos quedan las llaves
que abren aquellos días hermosos en el paraíso.
Entretanto, la partida continúa implacable:
el tiempo va repartiendo cartas
a los jugadores que quedan alrededor del tablero;
En unas pocas manos
hasta puede que los nietos
lleguen a ser abuelos.
jueves, 30 de marzo de 2017
El letrero de salida
Por tanto, aquella niña nunca vio morir
a ninguna de sus mascotas;
Tan solo desaparecían así, de su vista, de un día para otro,
o se esfumaban en el aire por arte de magia.
El fallecimiento de su abuelo* paterno
-cuando contaba 11 años-
fue el adusto encargado de señalarle por vez primera el desangelado letrero
de SALIDA de los confortables dominios de la infancia.
Poco después,
la fuga de su pájaro y la muerte de su querida abuela
le "invitaron" a abandonar definitivamente aquellos confines,
y fue entonces, cuando la niña supo, por una extraña razón que solo conocen los desterrados,
que ya nunca regresaría a aquella patria chica.
-----------------------------
*El 21 de diciembre, nada más conocer la noticia del fallecimiento, sus padres se marcharon a toda prisa, y la niña acudió sola a la fiesta de Navidad para recitar de memoria dos complicados poemas ante un público extraño -como si nada pasara-.
a ninguna de sus mascotas;
Tan solo desaparecían así, de su vista, de un día para otro,
o se esfumaban en el aire por arte de magia.
El fallecimiento de su abuelo* paterno
-cuando contaba 11 años-
fue el adusto encargado de señalarle por vez primera el desangelado letrero
de SALIDA de los confortables dominios de la infancia.
Poco después,
la fuga de su pájaro y la muerte de su querida abuela
le "invitaron" a abandonar definitivamente aquellos confines,
y fue entonces, cuando la niña supo, por una extraña razón que solo conocen los desterrados,
que ya nunca regresaría a aquella patria chica.
-----------------------------
*El 21 de diciembre, nada más conocer la noticia del fallecimiento, sus padres se marcharon a toda prisa, y la niña acudió sola a la fiesta de Navidad para recitar de memoria dos complicados poemas ante un público extraño -como si nada pasara-.
lunes, 6 de marzo de 2017
Mascotas (primera parte)
Aquella
niña nunca vio morir
a ninguna de las mascotas que la acompañaron
durante su infancia.
El primero en aparecer en escena
cuando ella contaba cinco años,
fue un precioso y suave conejo blanco.
Pero, repentinamente, "Copito" desapareció
de un día para otro.
Según la versión oficial, apta para todos los públicos,
un vecino se lo había llevado a una finca
que tenía en el campo.
Y la niña, aunque triste por la terrible pérdida,
se consolaba imaginando que su blanco amiguito
viviría en el país de los conejos y que podría saltar
y correr a sus anchas en compañía de sus congéneres.
Según la versión real, digerible solo para padres,
el conejo estaba creciendo a ojos vista,
y empezaba a ser un gran problema en un piso pequeño.
Y sí, un solícito vecino se lo había llevado,
pero para hacerse con él un exquisito guiso.
a ninguna de las mascotas que la acompañaron
durante su infancia.
El primero en aparecer en escena
cuando ella contaba cinco años,
fue un precioso y suave conejo blanco.
Pero, repentinamente, "Copito" desapareció
de un día para otro.
Según la versión oficial, apta para todos los públicos,
un vecino se lo había llevado a una finca
que tenía en el campo.
Y la niña, aunque triste por la terrible pérdida,
se consolaba imaginando que su blanco amiguito
viviría en el país de los conejos y que podría saltar
y correr a sus anchas en compañía de sus congéneres.
Según la versión real, digerible solo para padres,
el conejo estaba creciendo a ojos vista,
y empezaba a ser un gran problema en un piso pequeño.
Y sí, un solícito vecino se lo había llevado,
pero para hacerse con él un exquisito guiso.
viernes, 20 de enero de 2017
Atrezzo peculiar
Aquél glorioso comedor fue, durante años,
el buque insignia
de las zonas comunes del hogar.
Era el eje en torno al cual cobraba sentido la vida en familia.
El motivo que lo hacía tan especial
eran sus emblemáticos muebles, a saber:
una acogedora mesa redonda -ampliable- de madera lacada en blanco,
cinco sillas a juego, con cómodos asientos de espuma forrados en tela roja,
y una interesantísia lámpara de techo de cristal anaranjado con cable elástico tipo teléfono
con un asidero en la base.
Ese peculiar atrezzo era utilizado
en una representación continua siete días a la semana:
escenas de comidas, de deberes y clases particulares, de ocio, de fiestas de cumpleaños...
Y los jóvenes actores, antes de entrar en acción, ejecutaban siempre el mismo ritual:
coger el mejor sitio, sentarse sobre una rodilla doblada
y darse el impulso necesario
para tener acceso a la lámpara de sube y baja...
y luego, ya sin más, que diera comienzo la función.
el buque insignia
de las zonas comunes del hogar.
Era el eje en torno al cual cobraba sentido la vida en familia.
El motivo que lo hacía tan especial
eran sus emblemáticos muebles, a saber:
una acogedora mesa redonda -ampliable- de madera lacada en blanco,
cinco sillas a juego, con cómodos asientos de espuma forrados en tela roja,
y una interesantísia lámpara de techo de cristal anaranjado con cable elástico tipo teléfono
con un asidero en la base.
Ese peculiar atrezzo era utilizado
en una representación continua siete días a la semana:
escenas de comidas, de deberes y clases particulares, de ocio, de fiestas de cumpleaños...
Y los jóvenes actores, antes de entrar en acción, ejecutaban siempre el mismo ritual:
coger el mejor sitio, sentarse sobre una rodilla doblada
y darse el impulso necesario
para tener acceso a la lámpara de sube y baja...
y luego, ya sin más, que diera comienzo la función.
jueves, 1 de septiembre de 2016
Pisando el arcoiris
Al pequeño J. -de siete años-
le cuesta horrores meter la cabeza bajo la ducha.
Bucear y nadar en la piscina
es una de sus mayores pasiones,
pero otra cosa bien distinta es,
ducharse después.
Si es de paso obligado cruzar por la zona de duchas
para accedera al vaso de la piscina,
él intentará colarse por un atajo;
Y, en caso de ser interceptado,
pasará corriendo -como alma que lleva el diablo-
bajo la temida alcachofa.
Al salir del agua, tres cuartos de lo mismo.
Pero como esta vez tiene que permanecer bajo el chorro más tiempo
-por prescripción maternal-
para quitarse bien el cloro, se queda ahí completamente rígido y espeluznado,
dando unos alaridos terribles
como si sobre su cabeza tuviera clavada una nube de lluvia ácida...
Tal es el drama.
Un precioso día de verano, en la piscina municipal del pueblo
al salir del agua, la tropa familiar ya había abandonado la zona de duchas.
J. se quedó rezagado con su tía, que iba probando el agua de los diferentes grifos
para ver cuál estaba más caliente y hacerle así más agradable el mal trago al pequeño
cuando se topó con el arcoiris.
-¡¡¡J. corre, ven!!! -exclamó entusiasmada su tía-, ¡¡¡en esta ducha se ve el arcoiris!!!
El niño se colocó junto al chorro pero no veía nada.
-Tienes que meterte, J, si no, no se ve. Para ver bien el arcoiris no hay más remedio que mojarse.
Pues bien, dicho y hecho. J. se metió ni corto ni perezoso bajo el chorro de la ducha
mirando extasiado a su alrededor el precioso arcoiris que nacía de sus pies y subía rodeándole en forma de precioso tirabuzón multicolor.
Y ahí permaneció J. un buen rato tras aquella sorprendente cortina
hasta que el viento comenzó a desperdigar con sus ráfagas
las franjas de colores y
a hacer que su cuerpo temblara de frío.
le cuesta horrores meter la cabeza bajo la ducha.
Bucear y nadar en la piscina
es una de sus mayores pasiones,
pero otra cosa bien distinta es,
ducharse después.
Si es de paso obligado cruzar por la zona de duchas
para accedera al vaso de la piscina,
él intentará colarse por un atajo;
Y, en caso de ser interceptado,
pasará corriendo -como alma que lleva el diablo-
bajo la temida alcachofa.
Al salir del agua, tres cuartos de lo mismo.
Pero como esta vez tiene que permanecer bajo el chorro más tiempo
-por prescripción maternal-
para quitarse bien el cloro, se queda ahí completamente rígido y espeluznado,
dando unos alaridos terribles
como si sobre su cabeza tuviera clavada una nube de lluvia ácida...
Tal es el drama.
Un precioso día de verano, en la piscina municipal del pueblo
al salir del agua, la tropa familiar ya había abandonado la zona de duchas.
J. se quedó rezagado con su tía, que iba probando el agua de los diferentes grifos
para ver cuál estaba más caliente y hacerle así más agradable el mal trago al pequeño
cuando se topó con el arcoiris.
-¡¡¡J. corre, ven!!! -exclamó entusiasmada su tía-, ¡¡¡en esta ducha se ve el arcoiris!!!
El niño se colocó junto al chorro pero no veía nada.
-Tienes que meterte, J, si no, no se ve. Para ver bien el arcoiris no hay más remedio que mojarse.
Pues bien, dicho y hecho. J. se metió ni corto ni perezoso bajo el chorro de la ducha
mirando extasiado a su alrededor el precioso arcoiris que nacía de sus pies y subía rodeándole en forma de precioso tirabuzón multicolor.
Y ahí permaneció J. un buen rato tras aquella sorprendente cortina
hasta que el viento comenzó a desperdigar con sus ráfagas
las franjas de colores y
a hacer que su cuerpo temblara de frío.
sábado, 20 de agosto de 2016
Recompensa multicolor
Nada más entrar a la farmacia de Celia*,
-una de las primeras boticas que hubo en el barrio-,
llamaba la atención, desde el lado izquierdo del mostrador,
una gigante y hermosa copa de cristal color ámbar
llena de gominolas** de colores.
Celia tenía por costumbre
dar un puñadito de la ansiada golosina***
para premiar la compostura
de los niños que acompañábamos a nuestras madres.
Y nosotros aguardábamos "pacientemente" el momento
de recibir en nuestras manitas
aquella dulce recompensa multicolor,
por cuya obtención
había merecido la pena el interminable rato de espera...
Una vez fuera, comprobábamos enseguida qué sabores nos habían tocado
y a golpe de vista quedaba resuelto el dilema de
qué gominola tomaríamos primero,
y cuáles intercambiaríamos entre nosotros según nuestras preferencias
la de mayor éxito era la de fresa, luego la de naranja,
la de limón, la blanca (de anís)
y la de menta -de sabor más fuerte y desagradable-
que siempre se dejaba
para el final...
---------------
* Farmacia de Celia, hoy en manos de la Lda. Encarnación Redruello, C/ Finisterre 17, Madrid 28029
**gominolas: golosina de textura gelatinosa con sabor a frutas recubiertas de azúcar, también denominada lágrimas de goma ver curiosa explicación acerca de la lágrima de goma o su denominación inglesa gumdrop http://www.willysinas.com/golosinas/257-lagrimas-de-gominola-sabor-a-frutas.html
***golosina: en los años 70, en España había muy poca variedad de chucherías para niños, el espectro quedaba reducido básicamente a gominolas, lanzas de regaliz rojo o negro, Palotes (caramelos masticables), Chupachups, el efímero Petazetas (granulado carbonatado que provocaba pequeños chasquidos en la boca), y Chimos (caramelos rígidos de diferentes sabores en forma de aro).
-una de las primeras boticas que hubo en el barrio-,
llamaba la atención, desde el lado izquierdo del mostrador,
una gigante y hermosa copa de cristal color ámbar
llena de gominolas** de colores.
Celia tenía por costumbre
dar un puñadito de la ansiada golosina***
para premiar la compostura
de los niños que acompañábamos a nuestras madres.
Y nosotros aguardábamos "pacientemente" el momento
de recibir en nuestras manitas
aquella dulce recompensa multicolor,
por cuya obtención
había merecido la pena el interminable rato de espera...
Una vez fuera, comprobábamos enseguida qué sabores nos habían tocado
y a golpe de vista quedaba resuelto el dilema de
qué gominola tomaríamos primero,
y cuáles intercambiaríamos entre nosotros según nuestras preferencias
la de mayor éxito era la de fresa, luego la de naranja,
la de limón, la blanca (de anís)
y la de menta -de sabor más fuerte y desagradable-
que siempre se dejaba
para el final...
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* Farmacia de Celia, hoy en manos de la Lda. Encarnación Redruello, C/ Finisterre 17, Madrid 28029
**gominolas: golosina de textura gelatinosa con sabor a frutas recubiertas de azúcar, también denominada lágrimas de goma ver curiosa explicación acerca de la lágrima de goma o su denominación inglesa gumdrop http://www.willysinas.com/golosinas/257-lagrimas-de-gominola-sabor-a-frutas.html
***golosina: en los años 70, en España había muy poca variedad de chucherías para niños, el espectro quedaba reducido básicamente a gominolas, lanzas de regaliz rojo o negro, Palotes (caramelos masticables), Chupachups, el efímero Petazetas (granulado carbonatado que provocaba pequeños chasquidos en la boca), y Chimos (caramelos rígidos de diferentes sabores en forma de aro).
jueves, 28 de julio de 2016
Contornos y sonidos I
Contornos y sonidos
de aquellas tardes en casa,
interminables, adorables,
plagadas de juegos infantiles y de fondo siempre el ruido incansable
de la máquina de coser
que hacía volar mi madre para entregar los encargos a tiempo
mientras nosotras -a su lado-
jugábamos a ir a la compra con el dinero imaginario
que ella nos ponía en la mano.
Y pasábamos las horas jugando a las cocinitas,
y a colocar aquellos vestiditos
-primorosamente por ella fabricados-
a la "Nancy", a la "Lesly" y
al "Barriguitas".
de aquellas tardes en casa,
interminables, adorables,
plagadas de juegos infantiles y de fondo siempre el ruido incansable
de la máquina de coser
que hacía volar mi madre para entregar los encargos a tiempo
mientras nosotras -a su lado-
jugábamos a ir a la compra con el dinero imaginario
que ella nos ponía en la mano.
Y pasábamos las horas jugando a las cocinitas,
y a colocar aquellos vestiditos
-primorosamente por ella fabricados-
a la "Nancy", a la "Lesly" y
al "Barriguitas".
martes, 12 de julio de 2016
Una verdad irrefutable
En una noche de verano
de esas en las que
el cielo abre el telón
para representar el formidable espectáculo de
las Perseidas,
el patio de la casa del pueblo
se convierte entonces en el patio de butacas perfecto.
Para contemplar tan genuinamente veraniega
exhibición estelar
la familia toma asiento
al aire libre
Con la mirada concentrada
en el infinito y deseando pronunciar la frase
"he visto una".
Que se hace esperar,
Y de pronto, va pasando saltarina de boca en boca.
Hasta que llega el turno del pequeño M.,
quien tras haber presenciado el acontecimiento
se levanta y empieza a correr extasiado por el perímetro del patio
con los brazos en alto y las manitas abiertas llenas de júbilo.
Entonces se para en seco frente a su abuela
Y exclama con la convicción propia de quien acaba de presenciar un milagro:
"¡¡¡¡Abuela, las estrellas están vivas!!!!
de esas en las que
el cielo abre el telón
para representar el formidable espectáculo de
las Perseidas,
el patio de la casa del pueblo
se convierte entonces en el patio de butacas perfecto.
Para contemplar tan genuinamente veraniega
exhibición estelar
la familia toma asiento
al aire libre
Con la mirada concentrada
en el infinito y deseando pronunciar la frase
"he visto una".
Que se hace esperar,
Y de pronto, va pasando saltarina de boca en boca.
Hasta que llega el turno del pequeño M.,
quien tras haber presenciado el acontecimiento
se levanta y empieza a correr extasiado por el perímetro del patio
con los brazos en alto y las manitas abiertas llenas de júbilo.
Entonces se para en seco frente a su abuela
Y exclama con la convicción propia de quien acaba de presenciar un milagro:
"¡¡¡¡Abuela, las estrellas están vivas!!!!
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abuelas,
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Recuerdos: cualquier parecido con la realidad nunca es mera coincidencia,
verano
lunes, 23 de noviembre de 2015
Cara de pocos amigos
Me quedo un instante mirando
fijamente a un bóxer tranquilo que pasa a mi lado
con su dueño.
Escapa a mi vista
y se proyecta en mi mente
la imagen fugaz
de aquél otro bóxer de mi infancia:
tenía cara de pocos amigos -llena de babas-
y ladraba hoscamente
asomando el hocico entre los barrotes de una verja,
delante de la que yo tenía que
pasar -sí o sí-
cada mañana para ir al colegio.
Y me daba un miedo...
Yo tenía 5 años
y llevaba una cartera gruesa extrarígida en cuero marrón chocolate
-que abultaba más que yo-.
Como no era consciente del lugar exacto
en que habrían de sorprenderme los ladridos,
siempre me sobrecogía de susto y daba un grito con salto.
Al cabo de un tiempo de sobresaltos traté de memorizar el lugar
exacto y cuando me iba acercando
a él, dejaba una gran panza de espacio
con respecto a la verja
que no me libraba del contacto auditivo con los ladridos
pero evitaba mi grito con salto...
fijamente a un bóxer tranquilo que pasa a mi lado
con su dueño.
Escapa a mi vista
y se proyecta en mi mente
la imagen fugaz
de aquél otro bóxer de mi infancia:
tenía cara de pocos amigos -llena de babas-
y ladraba hoscamente
asomando el hocico entre los barrotes de una verja,
delante de la que yo tenía que
pasar -sí o sí-
cada mañana para ir al colegio.
Y me daba un miedo...
Yo tenía 5 años
y llevaba una cartera gruesa extrarígida en cuero marrón chocolate
-que abultaba más que yo-.
Como no era consciente del lugar exacto
en que habrían de sorprenderme los ladridos,
siempre me sobrecogía de susto y daba un grito con salto.
Al cabo de un tiempo de sobresaltos traté de memorizar el lugar
exacto y cuando me iba acercando
a él, dejaba una gran panza de espacio
con respecto a la verja
que no me libraba del contacto auditivo con los ladridos
pero evitaba mi grito con salto...
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