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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Las tres bogas (segunda parte) o el toque de queda

Ya en acera firme, 
con el semáforo peatonal en rojo y los galéricos pajarillos por fin silenciados, 
ella pregunta al invidente si desea cruzar.
"Ah, entonces, ¿ya se puede pasar?", contesta.
"Sí, en breve se abrirá el semáforo, yo le acompaño".
"Pero, no se desvíe de su camino por mí", exclamó.
"No se preocupe, voy en esa misma dirección".
"Es que", prosiguió el señor, "este cruce es malísimo, el disco peatonal se abre a la vez en varios puntos de la rotonda y, claro, por más que uno se esfuerce en buscar de qué lado proviene el sonido para poder cruzar, es imposible".
"No me extraña, esto aturde a cualquiera", añado.
"Es más", prosigue, "le diré que puse una reclamación en el Ayuntamiento y no ha servido de nada, eso sí me pidieron una de datos...".
"Una curiosidad", inquiero, "¿es cierto que el audio de los semáforos deja de funcionar a las diez de la noche, o es una leyenda urbana?"
"Sí, sabe qué pasa, los ciegos no salimos de noche, no lo necesitamos, puesto que ya vivimos en el reino de la noche, así que total, a las diez ya estamos en casita todos metidos", se explaya con ironía.
"Entonces, hay que elegir entre el toque de queda o salir a la jungla y jugársela, me parece terrible", replico.
"Sí, así es", sentencia.



lunes, 6 de noviembre de 2017

Las tres bogas (primera parte)

Con la luz peatonal en verde,
ella se dispone a cruzar la calle
envuelta en una suerte de frenéticos gorgoritos
provenientes de los semáforos* circundantes.

De pronto, su vista periférica
le hace volver atrás 
cuando detecta que, a pesar de la algarabía reinante,
un invidente no ha pasado.


Conforme se iba aproximando a él para ver si necesitaba ayuda, le llamó especialmente la atención
el sosiego con el que el señor aguardaba al borde de la acera fumando un pitillo junto a su perro fiel;

Y, por supuesto, mientras se dirigía a él, 
ella soportó -de nuevo-,
los incesantes y coléricos trinos
que asediaban a la vez desde todas partes; 

Pero esta vez a un ritmo frenético tal,
que transportaba a la escena de las galeras de la 
película de "Ben-Hur"**:
era como si los pobres pajarillos
estuvieran ahí, dentro del semáforo,
remando a ritmo de: ¡boga de combate!, ¡¡boga de ataque!!,
¡¡¡boga de ariete!!!*
según se fuera aproximando
o alejando el disco rojo.


*Del año 1926 data el primer semáforo que se instaló en España. Fue ubicado en el cruce de la calle Alcalá con Gran Vía. Y los primeros semáforos sonoros fueron colocados hacia el año 2006.
**"Ben- Hur"-Una de las mejores películas épicas de todos los tiempos, magistralmente protagonizada por Charlton Heston (E.E. U.U., 1959).


jueves, 1 de septiembre de 2016

Pisando el arcoiris

Al pequeño J. -de siete años-
le cuesta horrores meter la cabeza bajo la ducha.
Bucear y nadar en la piscina
es una de sus mayores pasiones,
pero otra cosa bien distinta es,
ducharse después.

Si es de paso obligado cruzar  por la zona de duchas
para accedera al vaso de la piscina,
él intentará colarse por un atajo;
Y, en caso de ser interceptado,
pasará corriendo -como alma que lleva el diablo-
bajo la temida alcachofa.

Al salir del agua, tres cuartos de lo mismo.
Pero como esta vez tiene que permanecer bajo el chorro más tiempo
-por prescripción maternal-
para quitarse bien el cloro, se queda ahí completamente rígido y espeluznado,
dando unos alaridos terribles
como si sobre su cabeza tuviera clavada una nube de lluvia ácida...
Tal es el drama.

Un precioso día de verano, en la piscina municipal del pueblo
al salir del agua, la tropa familiar ya había abandonado la zona de duchas.
J. se quedó rezagado con su tía, que iba probando el agua de los diferentes grifos
para ver cuál estaba más caliente y hacerle así más agradable el mal trago al pequeño
cuando se topó con el arcoiris.
-¡¡¡J. corre, ven!!! -exclamó entusiasmada su tía-, ¡¡¡en esta ducha se ve el arcoiris!!! 
El niño se colocó junto al chorro pero no veía nada.
-Tienes que meterte, J, si no, no se ve. Para ver bien el arcoiris no hay más remedio que mojarse.
Pues bien, dicho y hecho. J. se metió ni corto ni perezoso bajo el chorro de la ducha
mirando extasiado a su alrededor el precioso arcoiris que nacía de sus pies y subía rodeándole en forma de precioso tirabuzón multicolor.

Y ahí permaneció J. un buen rato tras aquella sorprendente cortina
hasta que el viento comenzó a desperdigar con sus ráfagas
las franjas de colores y
a hacer que su cuerpo temblara de frío. 

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martes, 15 de enero de 2013

Nunca antes había tenido frente a frente...

Nunca antes había tenido
frente a frente
una ardilla de carne y hueso, estando yo en su hábitat.

Mientras paseaba  por el Retiro
...y se puso a jugar al escondite...
junto a una explanada
divisé una ardilla correteando a lo lejos ...

De pronto, mi acompañante -de lujo-
sugiere que pruebe a extender la mano
como si tuviera algo de comida...

Y vaya si dio resultado porque enseguida el roedor
-de poderosa vista-
se aproximó como una centella hasta una distancia prudencial.
Después se fue acercando poco a poco
y se puso a jugar al escondite
asomando, de cuando en cuando, su cabecita
por detrás de un grueso tronco.


No veía peligro así que
vino a encaramarse a un joven árbol, a escasos centímetros de mí...
...Y allí permaneció quieta, expectante, con unos ojillos repletos de curiosidad
...expectante, con unos ojillos repletos de curiosidad....
que apenas perdían tiempo en pestañear...
¡Qué limpitas pezuñitas y qué cuerpecito tan pizpiretamente erguido en constante alerta!...
Como yo no tenía nada jugoso que ofrecerle me puse a improvisar una charla,
-eso sí, con la mano extendida a la que ella no quitaba ojo-;
Le hablé del frío que hacía,
le pregunté si no había encontrado nada aún
digno de ser
almacenado o ingerido ...

Y así, durante largos instantes, estuvo escuchando o,
según se mire, esperando recibir algo más que palique,
hasta que el alboroto de un perro hizo que huyera, poniéndose a salvo
en la copa de un árbol cercano.
...


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Sobre el origen de la palabra ardilla
http://www.elcastellano.org/palabra.php?q=esquirol



jueves, 3 de enero de 2013

El día del fin del mundo

21/12/2012. Día del fin del mundo. Huelga en el suburbano, hora punta.
Con el 32% de los servicios mínimos.
No cabe un alfiler en el vagón, solo algo de humor
y de cualquier clase:
refinado, irónico, malo...

"-Bueno, la ventaja es que podremos ir de pie todo el trayecto sin necesidad de sujetarnos, como tengo que hacer una llamada..."
"-Pero, ¿cómo va usted a llamar?, me digo, si ni tan si quiera va a poder sacar el teléfono, si estamos completamente inmovilizados de lo apretados que vamos..."
"-Pues si ahora se acabara el mundo, ¡al menos nos iríamos todos juntos al otro barrio!"
"-¡Menudo calor, esto es una auténtica sauna! [a ver si adelgazo algo]""
"-¡Lo que faltaba! ¡Además de soportar recortes y subidas de precios: toma huelga!.."