miércoles, 4 de octubre de 2017

Parajes

Cuando ella llegó por primera vez allí,
disfrutaba al máximo del dulce tacto
de la verde y mullida hierba bajo sus desnudos pies
que recorrían exultantes
aquél recién descubierto paraíso.
De pronto, una montaña dantesca
se alzó abruptamente en mitad del idílico paisaje.
Y tuvo que estarse muy, muy quieta un tiempo
para lograr despistar a una muerte
que, habiéndole arrancado ya la mitad de sus preciadas entrañas,
rondaba a la otra parte que le quedaba:
una Vega diminuta, de puro frágil casi transparente
que, sin embargo y contra todo pronóstico,
fue creciendo fuerte
frente a la muerte
que se alejó, porque nada pudo.

Ella iba y venía cada día por caminos
estrechos y empinados, con la dulcísma
Vega siempre en mente, hasta que se le permitió regresar
a casa con ella en su regazo.
Pero, una vez a salvo,
le aguardaba el interminable tránsito por los inhóspitos y afilados riscos de las pérdidas.
Unos endurecidos pies cobijados ahora
en un calzado, serían los encargados
de seguir pisando aquella montaña del duelo sin descanso.
Que ella solía recorrer concienzudamente
de arriba abajo,
de lado a lado, en círculos
ya fuera de día o de noche, ya hiciera frío o calor.
Porque hubo aún otro trayecto tan doloroso si cabe como aquél
anterior, que devolvió su cuerpo de nuevo a un estado puro de penumbra por semejante vacío,
sobre unos pies cargados
de impotencia.
Busquemos en otros caladeros
no tan profundos ni lejanos;
hallaremos fondos azules y límpidos;
nos sorprenderá la brisa
y, en el momento menos pensado,
recobraremos de nuevo la sonrisa.
 

(DEDICADO a Mar F.)

martes, 29 de agosto de 2017

Abotonaduras

Relucientes abotonaduras
pajizas
destacan sobre el interminable
y agostado traje
recién cortado,
que yace sobre el suelo castellano manchego.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Pelegrina

Selena*, una joven latinoamericana
de apacible semblante,
rasgos estilizados y rubia melena,
está sentada  
a la entrada de su improvisado hogar
cubierto con una amplia tela gris a modo de toldo
junto a un cajero automático. 
Viste camisa blanca impoluta y todas sus prendas
cuelgan primorosamente de las cuerdas 
que marcan el perímetro de su habitáculo. 
Pide limosna para comprar algo 
que llevarse al estómago y para la lavandería,
porque no soporta que la ropa huela mal.
No es una indigente al uso,
se hace patente su aspecto cuidado y maneras delicadas
hasta en el modo en que permanece sentada:
la postura evoca a la del monumento a la sirenita de Andersen en Copenhague.
En medio de su situación desesperada
ella prefiere creerse -dice- "una pelegrina del mundo",
como cuando se iba de joven con su mochila lejos de excursión
y así, esta realidad le parece más digerible, más provisional.
A esta hora solo piensa ya en que acabe el día:
poder aplacar un poco el estómago
y "echar el toldo" hasta mañana.

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*Selena. Nombre ficticio


jueves, 13 de julio de 2017

Silencio

De entre los silencios mas comunes
que emergen
de la ausencia de bullicio,
del cese de ruido,
de la reflexión, de la meditación,
de la soledad...,
prefiero aquél otro que existe
en medio de un paraje
y que hace presa enseguida
por venir de la quietud y de la calma.
Es tan envolvente su caricia
que hasta se respira,
porque -solo una vez que inunda el ser-
lo pone a salvo.

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miércoles, 10 de mayo de 2017

Tata: la foto de principio y fin

La foto en blanco y negro
está tomada
junto a la puerta de la casa familiar de la novia,
-en cuyo dormitorio principal acaba de celebrarse la ceremonia-.
La joven esposa, -y su ya flamante marido-,
posan junto a cinco de sus seis hermanos;
El sexto, es el encargado de inmortalizar el instante
con la cámara.
Para ser un día de finales de diciembre
hacía un sol deslumbrante, tanto, como para convertir
al astro en responsable de los extraños gestos en las caras
de todos los hermanos. 
Sin embargo, la realidad es que los pequeños miran a la cámara desolados
y los mayores, muestran un semblante cabizbajo.
La foto revela, solo en apariencia, que se trata de un día festivo.
Pero en el fondo
hay poco que celebrar, el ambiente de consternación 
es más propio de un velatorio
que de una boda:
por un lado, la extrema gravedad del padrino
ha obligado a celebrar la ceremonia dentro de la casa,
y por otro, el enlace supone el momento
de la abrupta separación de su querida "Tata",
la novia, que abandonará el pueblo esa misma tarde
hacia la capital para empezar una nueva vida junto a su
marido.


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viernes, 21 de abril de 2017

El limonero

Cuando el sol se hace fuerte
en el perímetro acuartelado del patio,
el murmullo de las abejas
se vuelve incesante, siendo su frenética actividad
la que pone sonido al limonero;
Florecido y afrutado a un tiempo,
el generoso arbolito
se encuentra a pleno rendimiento en esta época del año.
Los limones grandes y maduros
de las inalcanzables ramas,
contrastan con frutos de tamaño diverso y color
repartidos por las distintas áreas 
de frondosidad.
Las llamativas flores ponen el toque
de aderezo y perfume.
Y, cuando el viento recorre con paso agitado las ramas,
siempre hay un fruto maduro que exhala un ploff
en su inesperado encuentro con la tierra firme.

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martes, 18 de abril de 2017

Pertenencias

Desde su casa de madera
ella contempla el cielo
-a esta hora de la tarde-
intentando escudriñar la noche que hará.
Su banco lo es todo: salón de estar, cocina, aseo.
En la cabecera tiene apoyado un carro de la compra con
todas sus pertenencias -protegidas por un plástico-,
y, debajo, a todo lo largo, guarda bidones de agua y un barreño. Todo estratégicamente colocado; ningún objeto sobresale del perímetro de su hogar.
En un lugar como Madrid, 
la temperatura puede bajar
drásticamente hasta 10 grados de golpe.
Pero, a pesar de que ella no tiene forma de saber con antelación el tiempo que hará,
ha logrado adaptarse -sobre la marcha- a las inclemencias que trae cada estación.
El frío es para ella combatible, el calor: soportable, la lluvia: insufrible.
Cuando alguien se acerca para donarle ropa o enseres,
ella siempre rehusa -cortésmente- el ofrecimiento:
"No, gracias, de verdad, tengo ya muchísimas cosas".