martes, 28 de noviembre de 2017

Grados

Este frío
que recorre calles y cuerpos de
arriba abajo...
Me trae a la mente aquél nada caballeroso
poeta sin etiqueta
que tan feamente la apeó del estrado cuando ella se disponía a leer su poema
-solo porque él iba antes en el turno
aun cuando no le correspondía-.
Colarse en los recitales era su marchamo,
un modus operandi
consentido por los organizadores* 

-como algo gracioso al ser impredecible-
y padecido por quienes, como ella, se apean del estrado incapaces de reaccionar a tiempo.
En definitiva, 

la educación y la caballerosidad
son dos grados

que aquel personaje
mantenía escrupulosamente guardados

bajo cero.



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*Como premio a su queja ante la organizadora una vez finalizado el evento, fueron suprimidas del  reportaje posterior cualquier fotografía de ella recitando su poema.  

  

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Las tres bogas (segunda parte) o el toque de queda

Ya en acera firme, con el semáforo peatonal en rojo y los galéricos pajarillos silenciados, ella pregunta al invidente si desea cruzar.
"Ah, entonces, ¿ya se puede pasar?", contestó.
"Sí, en breve se abrirá el semáforo, yo le acompaño".
"Pero, no se desvíe de su camino por mí", exclamó.
"No se preocupe, voy en esa misma dirección".
"Es que", prosiguió el señor, "este cruce es malísimo, el disco se abre para los peatones a la vez en varios puntos de la rotonda y, claro, por más que uno se esfuerce en buscar de qué lado proviene el sonido para poder cruzar, es imposible".
"No me extraña, esto aturde a cualquiera", añado.
"Es más, le diré que puse una reclamación en el Ayuntamiento y no ha servido de nada, eso sí me pidieron una de datos...".
"Una curiosidad, ¿es cierto eso de que el audio de los semáforos deja de funcionar a las diez de la noche, o es una leyenda urbana?"
"Sí, sabe qué pasa, que como los ciegos no salimos de noche, no lo necesitamos puesto que vivimos en el reino de la noche, pues total, a las diez ya estamos todos en casita metidos", se explaya con ironía.
"Entonces, hay que elegir entre el toque de queda o salir a la jungla y jugársela, me parece terrible", replico.
"Sí, y tanto, así es".



lunes, 6 de noviembre de 2017

Las tres bogas (primera parte)

Con la luz peatonal en verde,
ella se dispone a cruzar la calle
envuelta en una suerte de frenéticos gorgoritos
provenientes de los semáforos* circundantes.

De pronto, su vista periférica
le hace volver atrás 
cuando detecta que, a pesar de la algarabía reinante,
un invidente no ha pasado.


Conforme se iba aproximando a él para ver si necesitaba ayuda, le llamó especialmente la atención
el sosiego con el que el señor aguardaba al borde de la acera fumando un pitillo junto a su perro fiel;

Y, por supuesto, mientras se dirigía a él, 
ella soportó -de nuevo-,
los incesantes y coléricos trinos
que asediaban a la vez desde todas partes; 

Pero esta vez a un ritmo frenético tal,
que transportaba a la escena de las galeras de la 
película de "Ben-Hur"**:
era como si los pobres pajarillos
estuvieran ahí, dentro del semáforo,
remando a ritmo de: ¡boga de combate!, ¡¡boga de ataque!!,
¡¡¡boga de ariete!!!*
según se fuera aproximando
o alejando el disco rojo.


*Del año 1926 data el primer semáforo que se instaló en España. Fue ubicado en el cruce de la calle Alcalá con Gran Vía. Y los primeros semáforos sonoros fueron colocados hacia el año 2006.
**"Ben- Hur"-Una de las mejores películas épicas de todos los tiempos, magistralmente protagonizada por Charlton Heston (E.E. U.U., 1959).


viernes, 27 de octubre de 2017

Nueva era

Ella visitaba una exposición
conmemorativa del 90 aniversario
de la compañía Iberia,
cuando se topó
con una imagen inconfundible
que la catapultó
-de repente-
a aquella inolvidable campaña de saturación denominada "nueva era".
Por aquél entonces, esa imagen,
presente por tierra, mar y aire,
tenía como únicos protagonistas
a un tropel de recién nacidos
sonrientes a bordo de un avión
surcando los cielos.


El mismo cielo
que poco antes acababa de acoger en su seno 
a un inesperado y diminuto pasajero sin nombre,
ni rostro,
que, inexplicablemente, había abandonado la cabina materna
antes de tiempo.






lunes, 16 de octubre de 2017

Ropa de cama (segunda parte)

Ella esperó
a que las voces se alejaran suficientemente
por la escalera hacia la planta baja.
Después se fue directa al armario de la limpieza,
sacó un par de guantes y unas bolsas 
de basura gigantes
-donde cupiese toda aquella asquerosa situación de mierda-
y se puso a tirar aquel preciado juego de cama
estampado 
junto con el pijama y todas las prendas -de su hasta ahora marido-
que iba encontrando. 
A la hora prevista recogió a sus dos retoños del colegio;
por el camino, en el coche, les dijo que su padre 
no volvería más. 
Una vez en casa cerró la puerta tras de sí.
Aquella noche, y las siguientes, durmió en el cuarto de invitados.
Prefería verse ahora como huésped
de un hogar
donde habitó un ser egoista y sin escrúpulos 
que le dejaba como regalo, aparte de los niños,
de los que, por cierto, nunca quiso volver a saber nada,
una vida hecha pedazos.

Dedicado a S. M. 


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sábado, 7 de octubre de 2017

Ropa de cama (primera parte)

Cuando S., que regresó a casa antes de lo previsto de un congreso,
sorprendió a su marido en la cama con otra,
su primer impulso fue cerrar de golpe la puerta
del dormitorio
para quitar de sus ojos aquella horrible visión
(de esas que luego se graban en la retina).
Al cabo de cinco segundos la volvió a abrir
pensando que todo habrían sido imaginaciones suyas,
pero nada más lejos:
allí estaba la cama deshecha,
la ropa tirada por fascículos
en dirección al lecho,
y los ruidos y voces delatando
al infiel y compañía,
que habían corrido a refugiarse en el baño.


Dedicado a S. M.

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jueves, 5 de octubre de 2017

Ojo por Ojo, en femenino

En femenino,  el dicho "ojo por ojo"
no es otro que: 
"Hoja por hoja
(de un buen libro)
y muela por muela"
(del juicio).



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