jueves, 9 de julio de 2015

Trazabilidad o pero qué preciosidad de tomates

-¡Pero qué preciosidad de tomates! -exclama una señora en el súper, maravillada ante una enorme caja de tomates en rama.
Todos rojos por igual,
sin el menor atisbo de verdor a flor de piel.
Todos gordos por igual,
exactamente del mismo tamaño:
como si procedieran de una huerta molde.
Unos tomates programados
únicamente para encandilar desde su trinchera de cartón.
Pero, ¿qué hay del sabor auténtico?:
-ah, bueno, pues simplemente no se incluyó
en la mesa de mezclas:
como todo el mundo sabe, hoy se compra con la vista,
no con el gusto o el olfato;
Y todo para crear unos replicantes 
de tomate ideal,

capaces de llamar sin una voz más alta que otra
al consumidor.
Pero... ¿cómo empezó todo?
Pues, en el preciso instante en que
comenzaron a ser ignorados por mediocres
aquellos feos, irregulares,
y tal vez hasta aromáticos tomates.
Y entonces alguien decidió que había llegado el momento de pasarse a los deslumbrantes,
ahí empezó todo.

 

viernes, 3 de julio de 2015

La llegada

Después de una película* a bordo
sobre cáncer y muerte
-que me acarrea un incontenible llanto 
mal sofocado sobre la marcha-,
consternada aún, piso el andén de la estación de Zamora,
que me da un recibimiento acorde
de neblina, halos de llovizna y packs de aire recién estrenado...
Y camino entre la peculiar luz amarillenta
que devuelve la arenisca
de las piedras del edificio de la estación...

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*Película: Una canción para Marion (Song for Marion). 2012, Reino Unido 

jueves, 2 de julio de 2015

Capa de baches

A esa hora de la noche, tras la tormenta,
la plaza Mayor de Zamora (que comparte espacio con la de San Miguel)
muestra su capa de baches
sobre el suelo
cuajada de minúsculos espejitos donde brillan por turnos
las luces
de farolas y bares
aún abiertos.



lunes, 29 de junio de 2015

Fotografía

A menudo, la forma más completa y concisa de poesía
que existe
es una fotografía
fielmente tomada
de un sentimiento.
 


jueves, 11 de junio de 2015

¡Relevé, plié!

"Relevé..., "plié"...
el eco de estas dos palabras sonando en la luminosa sala de ensayo
me catapultan
directamente a la barra de madera junto al espejo
de las clases aquellas de ballet 
que tomábamos mi hermana y yo en el Conservatorio de Madrid
37 años atrás.
El uniforme:
cabello recogido en impecable moño,
mallas rosas, maillot azul y manoletinas de piel rosa.
La postura indefeciblemente "militar":
tripa metida, trasero embutido hacia dentro,
glúteos y rodillas estiradas -al igual que el cuello hasta el infinito-, 
sacar pecho echando hacia atrás los hombros
y los pies bien plantados en el suelo.
Y debíamos estar impecablemente colocadas
y vestidas
para que la profesora diera comienzo a una meticulosa revista
y solo cuando todo estaba en orden,
a un chasquido de sus dedos
sonaba el piano
y todas nosotras, que hasta entonces habíamos permanecido inmóviles
conectadas con nuestros bracitos a la barra de madera
como si a una toma de luz se tratase,
comenzábamos a brillar con el primer movimiento
[de brazos y flexión de rodillas]
a la orden de "relevé", "plié"...



miércoles, 3 de junio de 2015

Un avión y un hipopótamo dentro de un bote de jabón

[Después de subir del parque]
-¡Niñoooos!, ¡a lavarse las manos! 
-A ver chicos, ¿qué vais a querer esta vez? -dice ella a sus sobrinos
de cuatro y cinco años mientras sostiene junto al lavabo
un dosificador de jabón líquido.
-Pues yooo, voy a querer un avión...
-¡Y yoooo...un hipopótamo!
-Uhmm, veamos... -Y entonces ella comienza a plasmar sendas peticiones
con trazos de jabón
sobre sus manitas
de la manera más fidedigna posible.
Y los niños ponen caritas de asombro
viendo como va cobrando vida
sobre sus manos lo que han pedido.
Apenas tienen tiempo de observar cada detalle
cuando se esfuma la magia
y los preciados dibujos se convierten
en lo que eran antes de salir del bote:
-una simplona e informe masa jabonosa-.
Y a partir de ese instante ya solo queda
poner las manos
bajo el grifo y comenzar a lavarse
con ahínco riendo de lo negra
que va desfilando el agua
hacia el desagüe...

martes, 2 de junio de 2015

20 minutos

No he conseguido volver a leer 
-ni tan siquiera tener en mis manos-
un periódico
de esos gratuitos que reparten.
Porque el solo hecho de verlo
me transporta automáticamente
a la sala de espera aquella de Hospital
donde los había repartidos a decenas
por todas partes...
Sus secciones de "breves"*
eran píldoras tomadas con avidez por los allí presentes
para evitar pensar en la terrible enfermedad.
Y en esto era obligado:
saltarse noticias non gratas que acentuaran el entorno,
y ante todo no fijarse en las esquelas

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*Noticias